La etiqueta sirve sobre todo para comparar productos similares. No hace falta decidir si un alimento es “bueno” o “malo” a partir de una sola cifra.
Cuatro pasos
- Nombre real del alimento: aclara qué producto estás comprando.
- Lista de ingredientes: aparecen de mayor a menor cantidad.
- Valores por 100 g o 100 ml: facilitan comparar marcas.
- Ración habitual: contextualiza lo que realmente consumes.
Reclamos que necesitan contexto
“Natural”, “artesano”, “fitness” o “sin azúcar añadido” no resumen el perfil del producto. “Sin azúcar añadido” puede contener azúcares naturalmente presentes; revisa el alimento completo.
El mejor atajo
Compara dos o tres opciones de la misma categoría y elige la que encaje mejor con tu objetivo, fijándote especialmente en ingredientes, sal, azúcares y grasas saturadas.